El intendente de Lanús, Julián Álvarez, anunció la creación de un Monumento a la Biblia luego de recibir a Graciela Chamula, coordinadora de Enlaces Generales del Consejo Pastoral de Lanús. Desde ese espacio religioso, la propuesta fue presentada como un “hito” y un “anhelo histórico” de la comunidad cristiana, con apoyo de iglesias evangélicas y un enfoque “interreligioso”, pensado como guía de “valores y paz”.

Hasta ahí, un anuncio institucional. Pero el dato político apareció rápido: Chamula es una figura conocida en el distrito por su paso por la gestión municipal durante los años de Néstor Grindetti y Diego Kravetz, y por su presencia posterior en armados donde el mundo evangélico empezó a articular con espacios libertarios.

En efecto, en agosto de 2024 un grupo de pastores evangélicos presentaron un proyecto de Monumento a la Biblia junto a la concejal libertaria Mariana Ayesa, en un movimiento que fue leído como acercamiento a La Libertad Avanza; allí mismo se mencionó a Chamula como parte de ese entramado.

Pocos días después, Ayesa recibió en el Concejo Deliberante a pastores para “presentar nuevamente” el proyecto y citó declaraciones de Chamula —señalada como ex funcionaria municipal— reivindicando el monumento como “faro” y “símbolo de esperanza”.

En 2025, además, el nombre de Chamula volvió a aparecer en coberturas sobre la construcción de vínculos entre LLA y sectores evangélicos en el conurbano bonaerense, un fenómeno que también registraron medios nacionales.

Con ese telón de fondo, y más allá de las críticas sobre la erogación y la necesidad de una obra de esas características, el anuncio en el despacho de Álvarez —un intendente identificado con La Cámpora, la agrupación que lidera Máximo Kirchner— reavivó lecturas sobre reordenamientos, alianzas y mensajes internos.

Así fue que en redes y páginas de discusión política lanusense plantearon abiertamente la pregunta sobre por qué una dirigente asociada al “amarillo” vuelve a ocupar un lugar visible en la agenda municipal.

Por ahora, desde el anuncio oficial el foco está puesto en el carácter simbólico del proyecto y en la idea de “interreligiosidad”.

Pero en un distrito donde cada gesto se mide con lupa, el Monumento a la Biblia quedó instalado también como una postal política: la de una obra que busca representar valores y convivencia, mientras exhibe —a la vez— trayectorias de figuras capaz de moverse entre gestiones, espacios y colores.