
La fecha 9 del Torneo Apertura no se jugará del 5 al 8 de marzo luego de que el Comité Ejecutivo de la Asociación del Fútbol Argentino resolviera un paro en todas las categorías, en medio de la escalada de tensión con el Gobierno nacional y las investigaciones judiciales en curso. La medida, calificada como “lockout patronal”, fue acompañada por la mayoría de los clubes y marca un hecho inédito en la historia reciente del fútbol argentino.
En diálogo con Punto a Punto Radio, en el programa “Es Por Aca”, el analista Adrián Turinetti sostuvo que “los dirigentes hayan decidido casi unánimemente que sus clubes no se presenten a jugar en la fecha 9 y no solamente Primera División, sino también todas las categorías de AFA, es algo inédito”, afirmó.
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Según explicó, la decisión se enmarca en “una batalla más de esta guerra” entre la conducción de la AFA, encabezada por Claudio Tapia y Pablo Toviggino, y el Gobierno nacional. “En definitiva, en el fondo de todo esto son manejos de negocios económicos que significa la selección argentina, como posicionamiento de negocio”, señaló.
Turinetti definió el escenario como “un mecanismo de extorsión” y consideró que se utiliza al fútbol “como herramienta de cambio en relación a los temas judiciales que están siendo investigados”. También remarcó que el respaldo de los clubes responde a un esquema de dependencia: “Los dirigentes del fútbol tampoco tienen mucha maniobra para hacer, porque dependen mucho del financiamiento que AFA les dé a los clubes”.
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Además del plano institucional, mencionó tensiones deportivas internas y arbitrajes cuestionados, que forman parte de “un círculo muy vicioso” donde se entrecruzan intereses políticos, económicos y deportivos.
El Mundial, bajo observación
Consultado sobre el impacto internacional, Turinetti aseguró que el próximo Mundial organizado por México, Estados Unidos y Canadá “es intocable, salvo que pase algo muy extremo”. Recordó que solo situaciones de fuerza mayor podrían alterar una sede, como ocurrió cuando Colombia perdió la organización del Mundial 1986.
No obstante, advirtió que “la FIFA seguirá de cerca el conflicto y podría exigir mayores garantías institucionales y de seguridad”, concluyó.
