
El anuncio del fin del segundo ciclo de Marcelo Gallardo en River Plate sacudió los cimientos de Núñez este febrero de 2026. Tras la derrota ante Vélez y el cierre de su etapa frente a Banfield, el presidente Stéfano Di Carlo enfrenta un escenario complejo: gestionar un plantel que costó casi 90 millones de dólares, pero que no logró títulos internacionales en el último año, quedando relegado a jugar la Copa Sudamericana.
Pesada herencia. La gestión económica de los últimos mercados de pases puso a River en una situación de “todo o nada”. Con la llegada de nombres como Kendry Páez, Aníbal Moreno y el regreso de referentes como Enzo Pérez y Montiel, el club realizó una inversión récord. Sin embargo, la falta de resultados deportivos obliga ahora a una reestructuración de la política de premios para no comprometer el presupuesto operativo del club.
En los pasillos del Mâs Monumental, el nombre de Eduardo Coudet suena con fuerza para tomar las riendas. El “Chacho”, actualmente en el Alavés de España, representa una opción de “continuidad estética” por su fútbol ofensivo, aunque su llegada implicaría negociar una salida compleja desde Europa. La dirigencia busca evitar el vacío de poder que generó la salida anterior de Demichelis, apostando por un DT con espalda ante el hincha.
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Para la actual CD, la sucesión no es solo deportiva, sino de supervivencia política. Con el interinato de Marcelo Escudero ya en marcha, los directivos necesitan cerrar al nuevo entrenador antes de que el malestar por la falta de triunfos se traslade a las tribunas. La “era post-Gallardo” exige resultados inmediatos para justificar el gasto millonario en un plantel que, por nombres, debería estar peleando la cima de América. Será el año próximo, si los triunfos acompañan.
