Este 25 de marzo, el deporte argentino se viste de gala para celebrar el Día de la Boxeadora Argentina. La fecha no es azarosa: conmemora aquel domingo de 2001 cuando la Federación Argentina de Box (FAB) finalmente reglamentó el boxeo femenino, rompiendo décadas de prohibiciones y prejuicios que mantenían a las atletas fuera de la competencia oficial.

La gran protagonista de esta gesta fue Marcela “La Tigresa” Acuña. La formoseña, que ya venía peleando de forma amateur y en exhibiciones internacionales, recibió ese día la licencia profesional número 1. Este carnet no fue solo un papel, sino la llave que abrió el gimnasio y el cuadrilátero para miles de chicas en cada rincón del país.

De la Legislatura al reconocimiento nacional

Lo que comenzó como una iniciativa en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires rápidamente cobró fuerza federal. El proyecto buscaba visibilizar la lucha de las pioneras que, a base de guanteo y persistencia, lograron que el boxeo dejara de ser un “club de hombres” para transformarse en una disciplina de igualdad de condiciones.

Tigresa Acuña: “Mi motivación fueron mis hijos”

Hoy, Argentina es una potencia mundial en la materia. Gracias al camino trazado por Acuña, surgieron figuras de la talla de Yesica “La Tuti” Bopp, Erica Farías y las hermanas Bermúdez. El semillero nacional sigue exportando campeonas que mantienen viva la llama que se encendió hace exactamente 25 años en la mítica calle Castro Barros.

BP