El presidente afirmó que la oposición no volverá a disputar el poder y encamina al país hacia un esquema de partido hegemónico como el de Cuba o China.

El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, anunció este domingo en Managua, durante el acto por el 47° aniversario de la Revolución sandinista, la clausura definitiva de los procesos electorales en el país para evitar que la oposición dispute el poder.
Durante un discurso público, el jefe de Estado pronunció una frase contundente contra las formaciones adversarias: “¡Que se olviden! Aquí no volverá a haber elecciones para que por ahí intenten ellos atrapar el Gobierno, atrapar el poder”.
Para concretar este giro político, la administración trabajará en conjunto con la Asamblea Nacional con el objetivo de erigir un marco normativo excluyente. Las nuevas normas colocarán un muro legal ante las organizaciones que pretendan acceder al Gobierno mediante el voto popular.
Esta medida sepulta la vía de las urnas de cara a las elecciones previstas para noviembre de 2027. La decisión encamina a la nación centroamericana hacia un esquema de partido hegemónico de poder permanente, de forma similar a los modelos de Cuba o China.
Las reacciones de la oposición en el exilio
Frente a estos anuncios, el dirigente desterrado Juan Sebastián Chamorro sostuvo que el gobernante “se ha quitado una máscara más”. El economista señaló además que la intención real del oficialismo es instaurar un sistema de designaciones internas sin competencia abierta.
Por su parte, el jurista en el exilio Juan Diego Barberena remarcó que el mensaje confirma la perpetuación del poder de forma dinástica. Según el analista, esta estrategia pretende sentar un hecho consumado que elimine la exigencia de comicios libres en futuras negociaciones internacionales.
El líder sandinista ingresó a la escena política nacional como uno de los comandantes del Frente Sandinista de Liberación Nacional que derrocó a la dictadura de Anastasio Somoza en 1979. Tras encabezar la Junta de Reconstrucción Nacional, el dirigente asumió la presidencia por primera vez entre 1985 y 1990, un período marcado por la guerra civil y la confrontación con Estados Unidos.
Luego de perder tres elecciones presidenciales consecutivas frente a bloques opositores, el mandatario retornó al poder en enero de 2007 tras triunfar en los comicios de finales de 2006. Desde esa fecha, Ortega sostiene una permanencia ininterrumpida de más de 19 años en el Gobierno mediante reelecciones sucesivas y el control progresivo de las instituciones estatales.
