El Mundial terminó, pero algo quedó claro: la Selección volvió a demostrar que la emoción compartida es uno de los lugares donde los argentinos todavía tenemos una manera de encontrarnos.

Un tiempo antes que el Mundial se pusiera en marcha, nos llamó la atención el poco entusiasmo que advertíamos en la mayoría de la gente con quienes hablábamos. Una frase se repetía: “No hay clima mundialista”.

Esa sensación nos llamó la atención, por eso en La Sastrería decidimos investigar si eso que se decía era tan así. Los resultados echaron por tierra esa supuesta apatía: la gran mayoría de los consultados se mostraban entusiasmados con el Mundial, y 3 de cada 4 argentinos creían que la Selección llegaría a la final.

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Pero el mayor hallazgo surgió a la hora de indagar sobre la pasión: ocho de cada diez argentinos nos definimos como personas apasionadas por muchas o varias cosas.

Nuestra investigación nos dejó, además, una clave de lectura: la pasión argentina no es solamente una emoción, es una forma de relacionarnos y expresar quiénes somos.

Y si bien el fútbol aparece como la principal pasión, los argentinos también habitamos otras pasiones. En el asado que permite un encuentro, en el mate que pasa de mano en mano, en un recital donde somos parte de una voz más fuerte, o en cualquier escenario donde una experiencia individual se transforma en colectiva. No es casual que ante la pregunta “¿En qué ámbitos de tu vida diaria dirías que sos apasionado?”, la principal respuesta haya sido “En mis relaciones personales”.

El Mundial terminó, pero algo quedó claro: la Selección volvió a demostrar que la emoción compartida es uno de los lugares donde los argentinos todavía hallamos una manera de encontrarnos. Durante unas semanas, millones de argentinos nos organizamos alrededor de una misma historia. La conversación pasó a ser una, se institucionalizaron las cábalas, surgieron los abrazos entre desconocidos, la reunión frente a la pantalla en casas, oficinas, clubes y escuelas. En ese contexto, el fútbol deja de ser apenas un deporte para convertirse en un lenguaje celeste y blanco.

La pasión argentina es previa a la participación de la Selección en este Mundial, y trasciende a esta generación de jugadores. El mérito de la Scaloneta fue haberle dado su mejor escenario: un equipo que logró representarnos y generar emociones en las que casi todos nos sentimos parte.

El lunes después de la final vivimos un cóctel de sentimientos. Hubo tristeza, pero también orgullo y agradecimiento por haber sido representados por un grupo que jugó como entendemos que deben jugar nuestros equipos: con entrega, con esfuerzo colectivo y una identidad reconocible. A pesar del amor que cada uno tiene por su club, y aun en tiempos donde abundan los discursos que profundizan diferencias, esta Selección volvió a recordarnos que todavía somos capaces de reconocernos en una historia común.

Ojalá ese sea el aprendizaje que nos deja este Mundial. Más allá del resultado, durante cuarenta días volvimos a comprobar que los argentinos seguimos buscando experiencias que nos permitan sentirnos parte de algo más grande que nosotros mismos.

En La Sastrería creemos que entender estos fenómenos ayuda a comprender mejor cómo somos los argentinos, cómo nos vinculamos y por qué algunas historias logran movilizarnos más que otras. Ese fue el punto de partida de La Pasión es Argentina, una investigación que explora qué nos apasiona, cómo vivimos esa pasión y qué dice todo eso sobre la argentinidad.

El informe completo en lasastreria.com.ar/lapasion/

*Director del equipo de Investigación y Análisis de La Sastrería.