Estamos en un tiempo caliente, de máxima trascendencia de la Copa del Mundo. Están pasando cosas muy importantes, el Mundial entró en su recta final y cada vez hay menos equipos. Pero no tienen que ver con la cantidad, sino con la calidad, que va de la mano de lo cualitativo, porque en estos últimos partidos se termina, o se empieza, a definir una nueva Copa del Mundo.

Ya lo tenemos a Francia instalado en las semifinales, y no sorprende. Quizás sorprendió un poco cuando antes del arranque del Mundial perdió algún partido amistoso, estaba allí con alguna duda. Pero al momento de la verdad Francia demuestra que es probablemente, por estabilidad, la mejor generación de sus futbolistas de todos los tiempos. Al mismo tiempo, un equipo con versatilidad, con una gama de colores en su paleta, con una cantidad de herramientas en su catálogo, como seguramente no tiene ninguna otra.

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¿Eso le garantiza que va a ser la Campeona del Mundo? No. ¿Eso le garantiza ser la mejor?, ni siquiera, porque más de una vez hemos visto aún en torneos como Mundiales que el campeón no necesariamente es el mejor. Y cuando hablo de mejor, me refiero a recursos, a lo estético, pero también me refiero a la solidez, a la invulnerabilidad. Esta Francia, por momentos y cuando uno la rasca, pareciera tener todo.

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*El texto de la nota es una desgrabación de la apertura de Román Iucht en Cueste lo que Cueste