La justicia de Israel suspendió temporalmente la construcción de un foso destinado a albergar cocodrilos del Nilo alrededor de un sector de máxima seguridad de la cárcel de Ketziot, ubicada en el sur del país y utilizada principalmente para alojar a detenidos palestinos. La medida fue adoptada después de que una organización protectora de animales advirtiera sobre los riesgos que el proyecto representaba para los reptiles, la población y el medioambiente.

La iniciativa fue impulsada por el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, quien propuso utilizar a los animales como una barrera adicional para evitar posibles fugas. El funcionario tomó como referencia el denominado “Alligator Alcatraz”, el centro de detención para migrantes construido en una zona de humedales del estado de Florida, en Estados Unidos.

El Tribunal de Distrito de Jerusalén ordenó paralizar los trabajos ante una presentación de urgencia realizada por la organización israelí Let the Animals Live, que cuestionó las condiciones previstas para alojar a los cocodrilos. La resolución es provisoria y el Gobierno tendrá plazo hasta el 16 de agosto para responder al planteo y apelar la decisión.

La Justicia pidió investigar el posible daño a los cocodrilos

El juez Avraham Rubin consideró que la suspensión estaba justificada debido a que las advertencias sobre el posible perjuicio para los animales requerían una investigación antes de permitir la continuidad del proyecto.

La presentación judicial señaló que el diseño de los canales no garantizaba condiciones adecuadas para mantener a los cocodrilos y que su ejecución podía generar riesgos para los propios animales, la seguridad pública y el ambiente.

“Han construido canales muy estrechos y pequeños, pero estos cocodrilos crecen durante toda su vida. Pueden llegar a los cinco metros y a los 300 o 400 kilos de peso”, explicó Hagit Gluska, abogada del departamento legal de Let the Animals Live.

La letrada advirtió además que se trata de una especie agresiva tanto con los seres humanos como con otros animales, incluso con ejemplares de su misma especie, por lo que las dimensiones y condiciones de los espacios proyectados podrían derivar en ataques y enfrentamientos.

La Autoridad de la Naturaleza y Parques de Israel también objetó la iniciativa al señalar que no existen antecedentes profesionales o científicos sobre el uso de cocodrilos como mecanismo de seguridad en establecimientos penitenciarios. El organismo recordó que la legislación israelí permite mantener este tipo de animales con fines educativos, de investigación o de concientización, pero no para vigilar cárceles.

Además, sostuvo que introducir un depredador de gran tamaño, longevo y no autóctono podría representar un riesgo físico y ambiental para los guardias, los detenidos y la población. “Se supone que debemos proteger a estos animales, no que ellos nos protejan a nosotros”, expresaron desde la autoridad.

Cómo es el proyecto impulsado por Itamar Ben Gvir

El plan contempla la construcción de un foso de aproximadamente 170 metros de longitud alrededor de uno de los sectores especiales de la prisión de Ketziot, en el desierto del Néguev. La estructura se encuentra dentro del complejo penitenciario y no puede verse desde el exterior.

El Ministerio de Seguridad Nacional destinó cerca de 21 millones de séqueles, equivalentes a unos u$s7 millones, para la ejecución de la obra, de la cual ya se habían construido varias decenas de metros cuando llegó la orden judicial.

La propuesta surgió a fines de 2025 durante una reunión entre Ben Gvir y el jefe del Servicio de Prisiones de Israel, Kobi Yaakobi. A partir de entonces, funcionarios penitenciarios visitaron una reserva de cocodrilos en Hamat Gader para analizar las características de los animales, sus necesidades de alimentación y las condiciones necesarias para mantenerlos en cautiverio.

Según el Ministerio de Seguridad Nacional, el proyecto incluye controles sobre la calidad y la temperatura del agua, alimentación, supervisión veterinaria, espacios de descanso para los animales y medidas destinadas a proteger a los trabajadores penitenciarios.

Ben Gvir defendió la iniciativa como una herramienta complementaria para reforzar la seguridad y disminuir la carga del personal encargado de custodiar a los detenidos. Tras el inicio de las excavaciones, su oficina aseguró que el proyecto había sido desarrollado de manera detallada y que no se trataba de una iniciativa simbólica.

El cambio que permitió avanzar con la obra

El proyecto enfrentó inicialmente un obstáculo legal debido a la clasificación del cocodrilo del Nilo como animal salvaje protegido. Para destrabarlo, la ministra de Protección del Medio Ambiente, Idit Silman, modificó su estatus y lo definió como un “animal salvaje criado en cautiverio”, lo que abrió la posibilidad de trasladar ejemplares a instalaciones de seguridad.

La decisión fue adoptada pese a las objeciones de asesores legales y especialistas ambientales, quienes advirtieron que el cambio no contaba con fundamentos profesionales suficientes y que no garantizaba el bienestar de los reptiles.

Silman respaldó públicamente la propuesta y sostuvo que quienes hayan cometido ataques contra ciudadanos israelíes debían quedar bajo una vigilancia extrema. Ben Gvir, por su parte, afirmó que el objetivo era alojar en ese sector a miembros de Hamás y reforzar el carácter disuasorio de la prisión.

La propuesta también fue cuestionada por la Comisión de Asuntos de los Detenidos y Exdetenidos de la Autoridad Palestina, que consideró que el proyecto refleja la deshumanización de los presos palestinos y el endurecimiento de las condiciones de detención desde octubre de 2023.

Desde entonces, organizaciones humanitarias denunciaron casos de hacinamiento, maltrato, falta de alimentos y abusos dentro de las cárceles israelíes. La prisión de Ketziot alberga a miles de palestinos y es uno de los principales centros penitenciarios utilizados por Israel para mantener a personas acusadas o condenadas por delitos vinculados con el terrorismo.

Israel cuenta con una cantidad limitada de cocodrilos del Nilo distribuidos principalmente entre la reserva de Hamat Gader y una granja del desierto de Aravá. Mientras el proyecto permanece suspendido, el tribunal deberá evaluar si las condiciones previstas cumplen con la legislación ambiental y garantizan la seguridad de los animales y de las personas.