Pensando en la pesca del pejerrey en ambientes de agua dulce, hay una carnada que sobresale claramente sobre el resto: la mojarra. Existen otras alternativas que pueden resultar efectivas, pero, cuando se prepara una salida a una laguna, río, arroyo o canal, difícilmente pueda faltar.
En la Argentina existen decenas de variedades de mojarras, que cambian según la región. En Buenos Aires, una de las más comunes es Astyanax fasciatus, habitual en aguas relativamente tranquilas de arroyos, ríos y lagunas. Se trata de un pez sumamente voraz que se alimenta de especies menores, camarones y otros invertebrados. Sin embargo, cuando hablamos de carnadas para el pejerrey, su protagonismo es indiscutible. Por eso, repasamos las 10 preguntas que más se hacen los pescadores sobre la mojarra, desde la cantidad necesaria para una jornada hasta la forma correcta de conservar las que sobran.

1. ¿Cuántas mojarras se necesitan para un día de pesca?
Depende de cómo se comercialicen en cada mojarrero, aunque las porciones suelen contener entre 80 y 100 mojarras. Asimismo, la duración estará directamente relacionada con la intensidad del pique. Una bolsa podría alcanzar para dos pescadores; sin embargo, lo aconsejable es calcular una porción por caña, especialmente cuando se espera una jornada con mucha actividad o cuando los peces pequeños deterioran rápidamente la carnada.
2. ¿Cómo reconocer una mojarra de buena calidad?
Uno de los principales aspectos que hay que observar es que no presente hongos, fácilmente reconocibles por la aparición de manchas blancas. Además, es fundamental manipular las mojarras lo menos posible, ya que cada escama que pierden representa una pequeña lesión y una posible puerta de entrada para bacterias, hongos y parásitos. Por ese motivo, cuanto mejor sea el estado de la carnada al momento de comprarla y durante su conservación, mayores serán las posibilidades de mantenerla en buenas condiciones hasta llegar al pesquero.

3. ¿Cuál es el tamaño ideal para encarnar?
No existe una única medida. El tamaño de la mojarra debe guardar relación con el porte y la boca del pejerrey que buscamos. Por ejemplo, si pescamos en el río Salado, donde muchas veces aparecen ejemplares chicos y de boca pequeña, o en canales y arroyos bonaerenses, conviene utilizar mojarras de menor tamaño. En cambio, para el Río de la Plata pueden emplearse ejemplares considerablemente más grandes, debido al tamaño y la capacidad de ataque de los pejerreyes que suelen encontrarse allí. En las lagunas pasa lo mismo, no todos los ámbitos cuentan con las mismas características en cuanto a la boca del flecha de plata.
4. ¿Cómo transportar las mojarras vivas?
Lo más práctico es conservarlas en las mismas bolsas en las que fueron compradas, colocándolas acostadas dentro de una conservadora. Si las mojarras están demasiado activas, se puede disminuir ligeramente la temperatura colocando hielo sobre las bolsas, aunque sin exagerar con el frío.
Un recurso muy útil consiste en comprar la carnada el día anterior y guardar la bolsa en la parte baja de la heladera. De esta manera, las mojarras disminuyen su metabolismo y permanecen más aletargadas. Además, si el viaje hasta el pesquero demandará varias horas, conviene llevar las bolsas acostadas dentro de una conservadora junto con un par de bloques de gel refrigerante o botellas plásticas congeladas.
5. ¿Cómo mantenerlas vivas durante toda la jornada?
La mejor alternativa es utilizar un aireador, ya sea a pilas, USB o conectado a una fuente de corriente. Otra posibilidad consiste en renovar periódicamente el agua. Para ello existen baldes dobles que permiten mantener las mojarras dentro de un recipiente tipo colador mientras se reemplaza el agua del contenedor exterior. Si se utiliza un balde convencional y la temperatura ambiente es baja, puede renovarse el agua aproximadamente cada hora. Además, si al terminar la pesca quedan ejemplares vivos y se pretende conservarlos, deben mantenerse en un sitio fresco y, preferentemente, con aireación permanente.

6. ¿Cuál es la mejor manera de encarnar una mojarra?
El método tradicional consiste en pasar el anzuelo desde la cola hacia la cabeza, tomando como referencia la línea de la columna. Se enhebra siguiendo la curvatura del anzuelo y se hace salir por la boca o a un costado de los ojos, procurando siempre dejar libre la punta y la muerte. Sin embargo, existen variantes que pueden marcar diferencias según el día. Una consiste en encarnarla al revés; otra, en pincharla dos veces por encima de la línea lateral, método que permite mantenerla viva durante bastante tiempo. También puede engancharse una sola vez desde la cola. Incluso, cuando se pretende aumentar el volumen de la presentación, es posible colocar varias mojarras en un mismo anzuelo, encimándolas hasta llegar al nylon.
7. ¿Qué carnada usar si no conseguimos mojarra?
Una de las mejores alternativas es el filet de dientudo fresco. Para prepararlo correctamente resulta fundamental contar con un cuchillo filetero bien afilado. El corte debe conservar la piel y apenas un milímetro de carne, buscando obtener una tira fina capaz de moverse como una pequeña bandera dentro del agua. Además, la mojarra puede combinarse con filet de dientudo, pejerrey, lisa o magrú. En estos casos, primero se coloca la mojarra y posteriormente se completa la presentación con el filet. Otra combinación interesante es la lombriz. Para ello pueden colocarse dos o tres formando una especie de “pulpito” y, finalmente, agregar una mojarra.

8. ¿Funcionan los filetes o la mojarra coloreada?
No existe una receta infalible, pero los filetes teñidos como la misma mojarra pueden resultar muy efectivos, especialmente cuando las condiciones del agua dificultan la visibilidad de la carnada. Para colorearlos puede utilizarse colorante de repostería. Una alternativa es preparar los filetes la noche anterior, aplicarles el color y dejarlos secar antes de realizar los cortes definitivos. Entre las tonalidades más utilizadas aparecen verde, amarillo, rojo y azul. Además, este recurso suele brindar buenos resultados en ambientes con aguas crecidas o turbias. También existen colorantes líquidos y en polvo, algunos acompañados por saborizantes. Si se están reciclando carnadas mediante un proceso de conservación con azúcar, ese momento puede aprovecharse para teñirlas.
9. ¿Cómo conservar las mojarras que sobraron?
Si al finalizar la pesca todavía quedan mojarras vivas, primero hay que pasarlas por un colador y colocarlas en un recipiente sin agua. Luego se agrega una cantidad generosa de sal fina. Al poco tiempo morirán y adquirirán una tonalidad plateada, ligeramente azulada. Entonces comienza el secado con papel absorbente. Sin embargo, no deben permanecer demasiado tiempo en contacto con la sal fina, porque perderán humedad y reducirán considerablemente su espesor. Posteriormente, se colocan nuevamente en un recipiente con partes iguales de azúcar y sal fina. El azúcar aporta brillo y contrarresta parcialmente el efecto de la sal. Después de aproximadamente dos horas en la heladera, se retiran, se colocan sobre varias servilletas de papel y se elimina la sustancia viscosa que se haya formado. Finalmente, pueden guardarse cubiertas con sal gruesa, que no las deshidrata tanto como la fina. Asimismo, los filetes de pejerrey, dientudo o mojarra pueden conservarse ligeramente salados entre dos placas de vidrio dentro de la heladera, sin llevarlos al congelador.
10. ¿Cada cuánto tiempo hay que cambiar la carnada?
Sí, la carnada debe renovarse. Especialmente cuando existe corriente, conviene cambiarla aproximadamente cada tres o cuatro minutos, ya que el movimiento del agua va quitándole atractivo. Además, observar cómo vuelve la carnada puede aportar información sobre lo que sucede debajo del agua. Si aparece cortada o mordida, posiblemente el responsable sea un dientudo. El pejerrey, en cambio, generalmente toma primero la carnada y posteriormente la traga. Por eso, no alcanza simplemente con colocar una mojarra y esperar. Revisar el estado de la carnada, renovarla y modificar el encarne cuando el pique está difícil puede terminar siendo la diferencia entre pescar o volver con las manos vacías.

La mojarra, una aliada indispensable para el pejerrey
Aunque cada pesquero tiene sus particularidades y el comportamiento del pejerrey cambia según la temperatura, el viento, la transparencia del agua y la época del año, la mojarra continúa siendo una de las carnadas más versátiles y efectivas para esta especie. Elegir correctamente su tamaño, transportarla sin deteriorarla, mantenerla viva y realizar un encarne prolijo son detalles que terminan influyendo directamente en el resultado. Por eso, antes de preparar las cañas y salir rumbo al pesquero, vale la pena dedicarle atención a un elemento aparentemente sencillo pero fundamental: una buena mojarra puede ser el primer paso hacia el pejerrey que estamos buscando.
¿Te apasiona la vida al aire libre, la aventura y la naturaleza?
Recibí las mejores notas de Weekend directamente en tu correo.
>>> Suscribite gratis al newsletter <<<
Galería de imágenes
