Cuando un deportista de alto rendimiento sufre la pérdida de un ser querido, la mirada pública suele chocar con una expectativa implícita: se asume que, por haber desarrollado una enorme fortaleza mental para competir al máximo nivel, debería estar preparado también para afrontar cualquier adversidad de la vida. Sin embargo, detrás de las estadísticas y los títulos, hay una persona atravesando un proceso humano.

Al cumplirse recientemente un mes del fallecimiento del padre de Lionel Messi, y su posterior anuncio del retiro de la Selección Argentina, el debate sobre el duelo en la élite deportiva cobra una relevancia ineludible. ¿Cómo reconfigura la motivación una ausencia de este peso? ¿Se puede separar la figura del jugador y dejar el dolor en el vestuario a la hora de salir a la cancha?

Para profundizar en estas preguntas, conversamos con la Licenciada María Celeste Leonhard (Psicóloga deportiva, matrícula 1709), quien analiza cómo transitan los atletas la delgada línea entre la exigencia profesional y la vulnerabilidad emocional.

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La falsa obligación de rendir al 100%

Existe una tendencia a creer que la cancha es un sanador automático o que el deportista posee un interruptor mental para dejar el dolor fuera del campo de juego. Para la psicóloga deportiva, es un error pensar que un profesional tiene la obligación inquebrantable de rendir al máximo independientemente de lo que transite en su vida privada.

“El alto rendimiento exige muchísimo, pero el deportista no puede separar completamente a la persona del jugador. No existe un interruptor que permita entrar al vestuario, dejar el dolor afuera y recuperarlo cuando termina el partido”. 

Si bien la competencia puede ofrecer, de manera temporal, un espacio de rutina, refugio y concentración, los síntomas del duelo —como la angustia, los problemas de sueño o la menor energía— conviven inevitablemente con la actividad profesional. Por ello, la especialista advierte sobre los peligros de encasillar el rendimiento: si un deportista juega, no necesariamente significa que esté bien; si decide parar, tampoco lo convierte en un sujeto mentalmente débil.

Lionel Messi
Lionel Messi

Duelo y Selección: ¿Existe una relación directa con la decisión de Messi?

Una de las grandes incógnitas que sobrevuelan el ámbito futbolístico por estos días apunta a si la reciente decisión de Lionel Messi de retirarse de la Selección Argentina podría ser una secuela directa del profundo duelo que está atravesando.

Desde la perspectiva de la Licenciada Leonhard, establecer una relación lineal y directa entre ambas situaciones resulta apresurado: “Sería muy arriesgado establecer una relación directa entre ambas situaciones. Desde afuera podemos observar conductas y decisiones, pero no conocemos todos los procesos internos que llevan a una persona a tomarlas”. Una determinación de semejante calibre difícilmente se explique por un único factor; intervienen el momento vital, los años de acumulación de exigencia, el cuerpo y las prioridades personales.

No obstante, la especialista aclara que una pérdida afectiva profunda sí puede convertirse en un acontecimiento bisagra que empuje a una revisión íntima: “El duelo no solamente produce tristeza. También puede modificar nuestra percepción del tiempo, nuestras prioridades y el valor que les damos a determinadas experiencias”.

Carta de Messi Retiro de la selección argentina
La carta con la que Lionel Messi anunció su retiro de la Selección Argentina

Mientras que la motivación deportiva suele regirse por metas y desafíos («¿qué quiero conseguir?»), después de un golpe vital de esta magnitud aparece un interrogante diferente y más hondo: «¿Para qué quiero seguir haciendo esto?». Por ello, más que hablar de una secuela aislada, la experta prefiere entenderlo como un profundo proceso de reconfiguración personal donde perseverar ya no significa continuar por inercia, sino adaptarse a los cambios de la vida: “reorganizar prioridades, revisar objetivos y reconstruir nuestra motivación”, sintetiza la licenciada. 

La reconfiguración de la motivación

La pérdida de un familiar significativo modifica gran parte del entramado afectivo que sostuvo una carrera durante años. Según explica la Licenciada Leonhard, muchas veces desaparece “una fuente de acompañamiento, seguridad, escucha, confianza o simplemente esa presencia a la cual regresar cuando todo lo demás se vuelve demasiado exigente”.

Este quiebre impacta directamente sobre la motivación. Durante trayectorias tan extensas, los objetivos suelen quedar asociados a compartir, agradecer o hacer sentir orgullosa a una persona clave. Cuando esa figura ya no está, las razones para competir adquieren un nuevo significado.

“Eso no significa necesariamente perder la motivación. Significa reconstruir el ‘para qué'”, detalla la especialista. En este sentido, la fortaleza mental deja de ser sinónimo de invulnerabilidad: “Ser mentalmente fuerte no significa no experimentar tristeza, miedo, dolor, dudas o vulnerabilidad. Significa desarrollar la capacidad de reconocer lo que nos sucede, aceptarlo y encontrar progresivamente una manera de responder frente a esa realidad”. 

Posteo de Leo Messi
El posteo de Lionel Messi tras el fallecimiento de su padre Jorge

La caída del foco mediático y el tiempo emocional

Uno de los momentos más complejos se da cuando los flashes se apagan. Al principio de una pérdida, el entorno reacciona con un apoyo masivo a través de homenajes y mensajes. Sin embargo, el tiempo social y el tiempo emocional no corren en paralelo.

“Mientras el mundo deportivo vuelve rápidamente a hablar de partidos, resultados y goles, la persona puede seguir intentando reorganizarse emocionalmente”, señala Leonhard y agrega: “si posteriormente aparece una disminución del rendimiento, hay que tener mucho cuidado con interpretarla inmediatamente como falta de compromiso, pérdida de motivación o debilidad mental. A veces vemos bajar el rendimiento cuando, en realidad, lo que está aumentando es el esfuerzo interno que esa persona necesita hacer para sostener su vida cotidiana. Desde la psicología del deporte no deberíamos intervenir únicamente cuando aparece un mal resultado. Tenemos que observar el proceso: cómo está descansando, cómo llega a los entrenamientos, qué ocurre con su motivación, con el disfrute, con su concentración, con sus emociones y, fundamentalmente, cómo está la persona más allá de lo que muestra la estadística”. 

Lionel Messi
Messi en el Inter de Miami

Por ello, la experta enfatiza que el entorno debe evitar diagnósticos apresurados y que además, tiene responsabilidad de acompañar. “El acompañamiento más valioso quizás no sea solamente el que aparece inmediatamente después de la pérdida, sino el que permanece cuando ya nadie pregunta. No podemos pedirle al deportista que controle cuánto dura su dolor, pero sí podemos ayudarlo a recuperar progresivamente capacidad de acción dentro de aquello que depende de él”, explicó. 

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El impacto del liderazgo y la vulnerabilidad en el grupo

¿Qué sucede cuando es un capitán o una figura histórica quien muestra su dolor abiertamente? Lejos de debilitar al equipo, la expresión genuina de la vulnerabilidad puede transformar la cultura interna de una institución.

“Los líderes funcionan como modelos. Si un capitán puede emocionarse, hablar de aquello que le sucede, pedir acompañamiento y después continuar ejerciendo su rol, de alguna manera está legitimando que sus compañeros también puedan hacerlo”, destaca la Licenciada. De este modo, se transita hacia un paradigma donde los roles se complementan: ya no es solo el líder quien sostiene al grupo, sino una red de contención mutua que fortalece el sentido de pertenencia.

¿Están los clubes preparados?

Frente a la pregunta sobre si las instituciones están preparadas estructuralmente para contener un duelo de esta magnitud o si solo priorizan el negocio, la especialista aclara que no todas actúan igual, ya que muchas han incorporado profesionales. Sin embargo, advierte que el verdadero desafío pendiente es “pasar de tener un psicólogo deportivo a construir una organización que realmente contemple la dimensión psicológica”.

La tensión es inevitable: el deporte de alto rendimiento se rige por contratos, viajes y calendarios inflexibles, mientras que “el duelo, en cambio, no responde al calendario competitivo”.  Para resolver este choque entre las necesidades de la organización y las de la persona, Leonhard remarca la necesidad de articular equipos interdisciplinarios (médicos, psicólogos, cuerpo técnico y dirigentes) que respeten la intimidad del atleta. El cambio cultural va mucho más allá de buscar mejores resultados en la cancha: implica trabajar en la prevención, generar espacios genuinos de escucha y saber derivar cuando el sufrimiento excede el ámbito deportivo.

Por eso, concluye que el dilema no pasa por elegir entre el negocio y la persona, sino en replantearse “¿Qué tipo de organización queremos construir alrededor del deportista?”.