La consulta no definía el ingreso inmediato de Islandia al bloque, sino si el Gobierno debía volver a negociar las condiciones de una eventual adhesión. Aunque el resultado no es jurídicamente vinculante, la primera ministra Kristrún Frostadóttir anticipó que respetará la decisión de las urnas.

“Quiero ser absolutamente clara: este gobierno no retomará las negociaciones de adhesión durante esta legislatura”, afirmó la mandataria, cuyo período de gobierno se extenderá hasta 2028.

Islandia había presentado su solicitud para ingresar a la UE en 2009, pero las conversaciones quedaron suspendidas cuatro años después. Con este nuevo rechazo, el debate sobre una eventual incorporación vuelve a quedar postergado.

La participación electoral alcanzó el 82,5%, una muestra del interés que despertó una discusión que divide al país. El resultado fue especialmente ajustado: el “sí” logró imponerse en las dos circunscripciones de Reikiavik, mientras que el rechazo se impuso en las zonas rurales.

Islandia dice “no” a la UE y deja en evidencia las tensiones del proyecto europeo.

Islandia dice “no” a la UE y deja en evidencia las tensiones del proyecto europeo.

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Un resultado que entusiasma a los críticos de Bruselas

El rechazo también tuvo una repercusión política fuera de Islandia. Dirigentes contrarios a una mayor integración europea celebraron el resultado y lo presentaron como una defensa de la soberanía nacional.

La líder de la extrema derecha francesa, Marine Le Pen, sostuvo que el resultado demostraba el atractivo de una Europa de “naciones libres y soberanas”. Por su parte, Nigel Farage, una de las figuras vinculadas al Brexit, felicitó a los islandeses por haber “votado para preservar su independencia”.

En la misma línea, el eurodiputado italiano Nicola Procaccini consideró que Bruselas debería analizar por qué “un país europeo próspero, democrático y abierto al mundo” decidió no reabrir el proceso de adhesión.

Desde una posición diferente, la eurodiputada ecologista belga Saskia Bricmont resumió el resultado con una frase crítica: “la constatación es clara: la UE hoy ya no hace soñar”.

El desafío para la Unión Europea

Para Bruselas, el rechazo llega en un momento en el que ampliar el bloque sigue siendo un proceso complejo y lento. Islandia era considerada un candidato particularmente viable porque ya mantiene una relación estrecha con la UE y comparte buena parte de sus estructuras económicas.

El resultado, por eso, tiene un peso que excede la decisión de un país de poco más de 390.000 habitantes. También plantea una pregunta sobre la capacidad del proyecto europeo para generar nuevos apoyos en un contexto en el que los movimientos euroescépticos mantienen presencia en distintos países del continente.

El presidente del Consejo Europeo, António Costa, buscó bajar el tono al resultado y afirmó que la UE “respeta plenamente la elección democrática” de los islandeses.

Sin embargo, el rechazo fue interpretado dentro del propio Parlamento Europeo como una señal de alerta. El eurodiputado centrista francés Sandro Gozi sostuvo que se trata de una “advertencia que Europa debe tomarse en serio”.

Por ahora, Islandia continuará fuera del bloque y el Gobierno no retomará las conversaciones durante la actual legislatura. Para la UE, el desafío será sostener su vínculo con el país mientras enfrenta un interrogante más amplio: cómo recuperar atractivo en una Europa donde la integración ya no aparece como una opción inevitable para todos sus vecinos.